Comentario de texto de Girasoles Ciegos

Todos hablaban a menudo de sus padres. Uno de ellos, Tino, con aspecto de cachorro
grande y que tenía cada ojo de un color, estaba orgulloso de su padre porque era picador de
toros además de oficinista. Disfrutábamos cuando el enorme coche de cuadrillas que funcionaba
con gasógeno iba a recogerle y él aparecía, espigado y grave, en el portal con su espectacular
traje de luces. Otro de los integrantes del grupo de la esquina, Pepe Amigo, se ufanaba de que su
padre cazaba pájaros los domingos en Paracuellos del Jarama: con redes en primavera y con liga
durante el invierno. Tenía su casa, diminuta y pobre, llena de jaulas con jilgueros que cubrían
por las noches para que descansaran de su agitación durante el día. Al padre de Pepe Amigo le
admirábamos porque tenía una motocicleta Gilera con el cambio de marchas en el depósito de
gasolina, de forma que, fuera a la velocidad que fuera, tenía que soltar una mano del manillar
para cambiar de marcha y eso nos parecía una proeza. Y ello a pesar de que era cojo y llevaba
un alza enorme en el zapato derecho.
También recuerdo a los dos hermanos Chaburre, que tenían doce vacas en el patio
interior del edificio y abastecían de leche a la vecindad, que acudía a comprarles con las
lecheras de aluminio. Su padre las ordeñaba y, en las raras ocasiones en que nos dejaban pasar a
verlas, todos pensábamos en el valor que implicaba ordeñar aquellas bestias tan enormes y tan
hoscas.
Podría enumerar las razones por las cuales todos admirábamos a los padres de los
habitantes de la manzana. Ésta fue la única compensación que tuve el día en que se hizo público
que el mío no sólo no había muerto sino que estaba en casa cuidándome desde el interior de un
armario.


COMENTARIO DE TEXTO:


Tema: la impotencia de un niño ante la situación de su padre del cuál no podía disfrutar de sus proezas al igual que los otros niños de la manzana.

Resumen: Lorenzo habla sobre lo que sus amigos y él admiraban de los padres de los otros. El padre de Tino, picador de toros; o padre de Pepe Amigo que cazaba en Paracuellos del Jarama, que era cojo pero que admiraban por su motocicleta que tenía las marchas en el depósito; o el padre de los dos hermanos Chaburre, que tenía dos vacas que abastecían al vecindario las cuales ordenaba él.
Lorenzo admiraba a todos esos padres, que fue una compensación el día que se supo que su padre estaba vivo.

Estructura: el texto se divide, en cuanto a su estructura externa, en tres párrafos, los cuales a su vez podemos dividir según las ideas que se expongan.
En los tres primeros párrafos, Lorenzo (el narrador de este fragmento), cuenta el caso de varios padres de niños de su vecindario a los que admira, al igual que el resto de vecinos de su edad. En este caso, los padres de Tino, Pepe Amigo y el de los dos hermanos Chaburre. En el cuarto y último párrafo, Lorenzo admite que el saber las razones de esa admiración fue una compensación para él el día que se hizo público la situación de su padre, ya que el niño sabía que no podía hablar de él pero que aún así estaría ahí para cuidar a su familia.

Comentario crítico:
Este fragmento pertenece a la cuarta derrota del libro de Girasoles Ciegos, escrito por Alberto Méndez.
Este texto es parte del cuarto y último capítulo de Girasoles Ciegos, en el cuál se narra la historia de la familia de Lorenzo, que pasan muchas penurias y desgracias en consecuencia de la situación de su marido, que se escondía en un armario, y el acoso que sufrieron, en concreto su madre, por parte del clérigo Salvador.

A lo largo del todo el fragmento, Lorenzo cuenta la admiración que tenían todos los niños por los padres de los otros y algunas de las razones. Pero especialmente en el último párrafo, el niño menciona a su padre, del que no puede hablar. Sólo él y su madre saben dónde está.

Ricardo, el padre del niño, vive escondido en un armario en su propia casa porque es perseguido por el régimen franquista por ser republicano. Debían actuar con sigilo, tener ventanas cerradas, tener pocas luces encendidas y llamar poco la atención, ya que a ojos de todo el mundo, Ricardo estaba muerto.
Esta situación y el solo pensar que querían matarlo por su ideología política, lo llevaron a pensar en el suicidio en numerosas ocasiones.

Este posiblemente sea, un claro ejemplo de la pérdida, la tragedia, la derrota... tras una guerra civil.
Miles de personas eran perseguidas, tenían que dejar sus seres queridos y su hogar atrás, abandonarlo todo y huir. Pero este no es el caso de Ricardo. Ricardo se quedó, aunque escondido, para seguir cuidando de su familia. Fueron muchos los riesgos que pasaron, pero quizás eso no le importaba lo suficiente como para abandonarlos.
Al igual que los niños del barrio de Lorenzo admiraban las proezas de los padres de otros, yo admiro a Ricardo, por su valentía y valor. Lo dio todo por su familia, hasta que un día, ante su inminente detención por salir a la luz para defender a su mujer del hermano Salvador, se suicidó.
Estas son consecuencias de la guerra y del sufrimiento de miles de familias. Creo que son pocas las personas que se paran a reflexionar en la verdadera causa de su muerte y en la de cientas como esta, obviamente fue por la represión de la oposición, pero principalmente, su ideología política.
No somos conscientes de la suerte que tenemos de haber nacido en la época en la que nos ha tocado, por lo menos en la mía, en la que hay libertad de expresión y de asociación, libertades de las que le hubiera gustado a Ricardo gozar. Aún así, sigue habiendo gente intolerante que no acepta la opinión y pensamiento de los demás, por lo que deberíamos de concienciarnos que esta intolerancia nos puede llevar a situaciones como la de Ricardo, a la derrota.


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