Comentario crítico: "El Purgatorio"

El purgatorio
El hombre primitivo pensaba que si alguien le hacía una fotografía le robaba el alma. Sentía un respeto supersticioso por las imágenes: él era él, pero también su imagen, y quien le hacía una fotografía le robaba un pedazo de sí mismo. Me pregunto cómo se sentiría aquel hombre en este mundo donde cualquiera podría robarle el alma con el teléfono que lleva en el bolsillo. La desacralización de la imagen, aunada a la masificación de los teléfonos con cámara, ha convertido cualquier espacio público en un coto de fotógrafos espontáneos. Ya no puede uno perder la compostura, ni hurgarse la nariz, ni relajarse hasta que aflore la sonrisa idiota, sin la zozobra de que alguien haya disparado su Samsung e inmortalizado el momento.
La suma de teléfonos con cámara en un restaurante no solo son el ojo que todo lo ve, también son el archivo que todo lo guarda. Un archivo que, visto por aquel hombre primitivo, sería un calabozo lleno de almas. Haría uno bien si cada noche borrara las imágenes de las personas para liberar a las almas de su prisión. El selfie, desde la perspectiva de nuestro hombre primitivo, adquiere un nuevo significado: el del acto por medio del cual una persona se roba el alma a sí misma, como quien se roba su propia billetera. Aunque es verdad que el rizo todavía podría rizarse, si este individuo se hace el selfie mientras se roba a sí mismo. La nanotecnología ha logrado reducir una biblioteca de miles de libros al tamaño de una tableta, y una discoteca de miles de discos al tamaño de un artefacto de la talla de un mechero. También ha logrado que millones de personas, al tener tantas almas prisioneras en la memoria del teléfono, lleven un purgatorio portátil en el bolsillo.
COMENTARIO:

Este texto trata sobre la tecnología actual. El autor cuenta que según nuestros antepasados, hacernos fotos nos roba el alma, porque la persona de la fotografía seguía siendo ella pero le quitaba un parte de sí misma. Según el texto, en los tiempos que corren llevamos siempre encima fotos, recuerdos, grandes bibliotecas reducidas a una pequeña pantalla de mano y recopilaciones de canciones guardadas en dispositivos del tamaño de un mechero. También al tener tantas almas prisioneras en la memoria del teléfono, llegamos al punto de llevar un purgatorio portátil en el bolsillo. Las tres primeras líneas describen los pensamientos y opiniones que tenían antiguamente sobre hacernos fotos y el resto del texto el autor cuenta la actualidad de las nuevas tecnologías que nos acompañan normalmente.
¿Cuántas veces has querido recordar un momento de tu vida para siempre o has querido demostrar que has hecho algo o has estado en algún sitio? ¿Cuántas veces hemos estado aburridos y nos ha apetecido escuchar música y no hemos tenido a mano esos grandes equipos de música y altavoces a mano? ¿Y cuántas veces nos ha apetecido leer y teníamos la biblioteca muy lejos? Seguro que nos ha pasado con frecuencia. Todas esas veces hemos utilizado la cámara, iPod, móviles o tabletas. Ahora está de moda los famosos "Selfies". Pero, ¿verdaderamente nos estamos robando nuestras propias almas?
No estoy de acuerdo con nuestros antepasados, ya que si fuera por ello, nosotros solo seríamos cuerpos sin alma y sin vida. ¿Qué hay de esos libros que guardamos durante años repleto de almas? Las personas a lo largo de nuestras vidas captamos momentos para poder recordarlos para siempre y los guardamos en álbumes de fotos o bien en nuestro ordenador. Pero ¿cuál puede ser el verdadero problema de ello? En la actualidad, las nuevas tecnologías han facilitado la propagación de información, y con ella, las imágenes. Lo que ayuda normalmente a esta propagación son las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea, como Whatsapp o Instagram. La sociedad ha estado cambiando desde hace muchos años atrás, las nanotecnologías nos han ayudado a modernizarnos, a poder comunicarnos de una forma más sencilla y rápida. Pero estas tecnologías no solo nos han ayudado sino también nos han traído problemas. No debemos olvidar que las tecnologías pueden ser nuestras amigas y compañeras pero también nuestras peores enemigas.

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